Qué se supone que hubiera hecho estando ahí en el piso, al lado de un hogar que nos daba calor y sin embargo yo temblaba de pies a cabeza al estar acurrucada al ultimo ser humano que habitó el pabellón de “me gustas tu” en mi cabeza. Nada. Eso fue lo que hice, siempre teniendo en cuenta que lo que podía haber hecho fue hecho.
Me limite a tratar de dormir, pero fue imposible. Turnaba mis ojos, mis manos, mi olfato y mi sexto sentido. Podía ver su perfil, su rostro a penas iluminado por el fuego. Podía cerrarlos y limitarme a respirar profundamente y saber que él estaba ahí, su olor único y particular me lo hacia saber. Podía poner mis manos en sus manos, en su cara, en su cuello. Podía pensar en la impotencia de toda la situación, y darme cuenta que estar temblando muerta de calor no era normal. Que mi estomago estuviera en una montaña rusa interminable, tener ganas de quedarme así para siempre, tampoco lo era. Darme cuenta que no pienso y escribo y siento esta clase de pelotudeces con nadie mas que con él. Darme cuenta de que no se bien qué es lo que quiero, qué es lo que puedo hacer. Preguntándome si de verdad existe algo que con otros no existe, o si es solo una cuestión de vulnerabilidad y susceptibilidad personal. Y muy en el fondo, pensar que es injusto otorgarle tanto. Pensar que no me importó nunca, y ni siquiera todo este tiempo. Que solo lo coloqué en un pedestal por alguna necesidad caprichosa de renovar problemas. Cada vez que pienso en esto, me desespero. Me contradigo mil veces si es necesario. Y me pregunto cómo terminar lo que nunca tuve, y sino lo tuve por qué estoy dándole vueltas al asunto todavía.
Quiero un mr E versión mejorada y pelilarga y iierno para siempre. Eso es algo grave, pero fue él quién me sacó de algo así hace dos años atrás.
15/9/08
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